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sábado, 11 de febrero de 2012

LA FRUSTRACIÓN EN LA VIDA COTIDIANA por Irene Cardona

  La frustración, es imaginaria: la frustración es el campo de las exigencias sin límite, sin duda porque acompaña la tentativa siempre vana de restaurar una completud del yo, según el modelo de la completud de la imagen del cuerpo.
Tal como lo refiere la Psicología, la frustración  un estado en el que se experimenta una vivencia de fracaso, de no consecución de lo esperado. La frustración se puede deber a la ausencia o perdida de un estimulo positivo o a la aparición de un obstáculo en el camino de la consecución de los deseos u objetivos propios.

Corroborando con lo anterior, la frustración es toda incertidumbre que nos embarga, cuando nos establecemos metas que al final, por alguna razón, no obtenemos los resultados esperados.

Cualquiera que sea la causa que imposibilite la satisfacción de nuestros impulsos, el resultado siempre será el desajuste emocional que se ha de manifestar en forma de frustración o de conflicto que nos producirá el estado de ansiedad que puede llevarnos a la utilización de los mecanismos mentales de defensa y evasión que pongan en peligro nuestro desarrollo emocional.

La frustración puede dar lugar a una conducta agresiva, la cual se manifestara en el frustrado en forma de reacción que no solamente estará encaminada hacia considera que es responsable, sino también, en ocasiones, hacia alguien otro que puede ser totalmente ajeno. Una frustración crea un estado vivencial de fijación a la situación frustrante. La persona frustrada será sumamente sensible a todo planteamiento que la recuerde su frustración; sentirá angustia al ponerse en las mismas circunstanciasen las cuales fracasó y pensará ver repetida por doquier la misma situación frustrante, lo cual la conducirá, en último término, a llevar una existencia introvertida y poco arriesgada, con objeto de no repetir la misma vivencia decepcionante.

Pero, de otra parte, la persona frustrada siente la necesidad imperiosa de superar su frustración, por lo cual, de una forma ambivalente, se siente atraída y angustiada ante la temática frustrante.
¿De dónde proviene la intolerancia a la frustración? De la infancia. Las personas que fueron educadas de manera muy contemplativa durante su niñez, es decir, les satisfacían sus deseos de manera inmediata, después con el desarrollo se volvieron impacientes cada vez que querían algo. Esta intolerancia a no saber esperar, luego, mas tarde, en la vida de adolescente o adulto, les hace vivir dicha espera de mala manera, sintiéndose frustrado porque no obtienen del mundo las cosas, con la rapidez con que las obtenían del padre o de la madre. 

La frustración tiene que ver con algo que esperamos de los otros y que no llega o tarda en llegar bajo el prisma del tiempo. No solo me refiero a cosas materiales, sino también al orden de los sentimientos o afectos. Esperar el amor de los otros, el cariño, el afecto también pueden convertirse en causas de frustración cuando no se recibe en la cantidad que uno desea o con la rapidez que uno requiere. ¿ Cuanto amor necesitamos para no sentirnos frustrados? ¿ Cual es el límite a lo material? ¿ Conocemos nuestros límites o las personas se sienten frustradas porque no tienen limites a la hora de pedir y pedir, sea lo que sea?. Lo interesante del psicoanálisis es lo que hace con el sentimiento de frustración. En vez de sentirte mal cada vez que se frustran tus deseos, con psicoanálisis se enseña a utilizar esa energía que produce la frustración para relanzar de nuevo el deseo. El próximo día hablaremos del sentimiento de frustración en el amor.

La madre insaciable

Lacan presenta en el Seminario IV un triángulo inédito hasta entonces-Rompe la pretendida armonía de la relación madre-hijo y afirma que la madre nunca está a solas con el hijo: entre uno y otro siempre está el falo. El niño cobra un valor fálico al identificarse con el objeto de deseo materno. El cuarto término de esta relación es el padre. El falo aquí es definido como un significado, tiene un valor imaginario que se introduce en la metonimia del deseo de la madre.

A partir de la distinción entre castración, frustración y privación, Lacan ubica a la frustración como centro de la relación madre-hijo. Pero, añade Miller (véase "El falo barrado"), aquí lo más importante es la frustración de la madre como mujer.

Lo insaciable de la madre remite a su posición como mujer, a su tratamiento particular de la falta. Después de todo, la sustitución niño-falo no colma la falta y subsiste un resto de insatisfacción. Lo insaciable del Seminario IV aparece como voracidad en el Seminario V, Dice: "La madre es una mujer a la que suponemos ya en la plenitud de sus capacidades de voracidad femenina..

Con respecto a la frustración, Lacan intenta arrancar el concepto del contexto empirista y evolutivo en el que se encontraba. Para ello plantea que lo que está en juego en la frustración, no es un conjunto de experiencias que son vividas en la relación del sujeto con un objeto real, o sea que no se trata de la pura y simple negación de un objeto de satisfacción. Además, -señala Lacan-, Freud nunca habló de frustración, sino que utilizó la palabra alemana Versagung que remite a otros significados, tales como denunciar un tratado, retractarse de un compromiso, ruptura de un pacto previamente establecido, anulación de una promesa, palabra no mantenida por un Otro, un Otro simbólico que hay que entenderlo como correlativo de la indefensión y dependencia infantil. Ya hemos visto cómo en Freud la alteración interna (el llanto) cumplía una función de llamado al asistente ajeno, llamado que ya implica la alienación de la necesidad en el orden simbólico, ya que solo puede ser tramitada a través de los significantes del Otro, lugar del código, tesoro de los significantes, en los que la necesidad se pierde al articularse en una demanda. Este Otro con mayúscula, lugar del código, es la primera forma en que se presenta el Otro en la experiencia en tanto agente de la frustración, y se caracteriza por tener una articulación particular de la demanda, que es la de ser inseparable de la demanda de amor.

El neurótico se encuentra entrampado de tal manera en la relación con el Otro que, por más que intente escapar, no puede dejar de arrastrar sus cadenas y su esclavitud consigo mismo. Porque lo que lo esclaviza no es otra cosa que su propia demanda, demanda de amor dirigida al Otro de la frustración del que espera el don prometido, que nunca llega (recordar el significado del término aleman Versagung), o en el caso que llegue, es siempre insuficiente en relación a la insaciabilidad de la demanda de amor, que exige la presencia incondicional del Otro. Estas cuestiones, que son de estructura, el sujeto las vive como un daño imaginario infligido por un Otro caprichoso, arbitrario que, teniendo todo el poder para dar, no da simplemente porque no quiere. 

Por otro lado, el sujeto está convencido de que lo que pide es legítimo, de que le corresponde por derecho, de ahí que la neurosis adquiera las características de una querella al Otro.
El tratamiento psicoanalítico tiene como objetivo, como un horizonte al cual debe dirigirse, el desmontaje de esta estructura neurótica, la disolución de la religión del Otro, que implica la caída del Sujeto Supuesto Saber, lo cual hace prescribir la pasión del neurótico por la queja, la denuncia, el reproche, la espera, en suma, todo lo que constituye su gran disputa con el Otro.

De esta manera, el sujeto, al dejar de darle consistencia al Otro, pierde su sostén, se queda sin su partenaire, lo cual lo lleva a confrontarse con su soledad, incluso con su desamparo. Esto no impide los encuentros; al contrario, el sujeto queda más a merced de los encuentros. Sólo le queda, como dice Lacan, hacerse a ser, sin el Otro, eso que se es, lo que resta cuando se han podado las ramas de todos los espejismos

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